Última actualización: 25 de Febrero de 2026
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Dependiendo de distintas culturas, entre un 5% y un 60% de mujeres que se embarazan mientras aún amamantan, siguen amamantando durante el embarazo. (Bayraktar 2025, Çınar 2022, Molitoris 2019, López 2017, Merchant 1990)
Se puede seguir amamantando durante un nuevo embarazo. Asegurando el aporte dietético extra necesario, la lactancia se considera compatible con un nuevo embarazo y sin riesgos ni para la madre, ni para el bebé que mama, ni para el bebé intraútero (CLM 2012, HWA 2009). El Grupo de trabajo sobre lactancia materna de la Sociedad Italiana de Medicina Perinatal se ha posicionado en este sentido (Cetin 2014). Amamantar durante un embarazo posterior no es inusual. Si el embarazo es normal y la paciente está sana, amamantar durante el embarazo es una decisión personal. (AAFP 2022)
No se han encontrado diferencias en la duración del embarazo, ni en el peso del recién nacido ni en su crecimiento posterior ni en la tasa de aborto espontáneo entre mujeres embarazadas sanas y bien nutridas que continúan amamantando y las que no. (Stalimerou 2023, Minh 2021, Molitoris 2019, López 2017, Shaaban 2015, Pareja 2015, Ayrim 2014, Cetin 2014, Madarshahian 2012, Ishii 2009, Moscone 1993)
La lactancia materna durante el embarazo no produce resultados adversos ni en la madre ni en el feto en un embarazo normal de bajo riesgo, aunque puede generar una carga nutricional para la madre (Minh 2021). Las necesidades nutricionales, energéticas, de minerales y vitaminas son muy altas en el embarazo y más en la lactancia (Molitoris 2019), lo que hay que tener en cuenta en especial en poblaciones desfavorecidas económicamente para evitar menor aumento de peso, disminución de los niveles de hemoglobina y otros problemas en mujeres que amamantan durante el embarazo. (Shaaban 2015, Ayrim 2014; Marquis 2003 y 2002, Siega 1993)
Aunque se ha utilizado la estimulación del pezón para provocar la maduración del cuello uterino e inducir el parto (Kavanagh 2005), no hay pruebas de que la oxitocina liberada durante el amamantamiento pueda inducir un parto prematuro o un aborto espontáneo (Molitoris 2019), debido a que el pico de oxitocina no es suficiente y a que los receptores uterinos de oxitocina no están completos hasta el final del embarazo en el útero (López 2017). Un estudio retrospectivo con muchas limitaciones demostró mayor riesgo de aborto espontáneo con lactancia materna exclusiva durante el embarazo, pero no con lactancia junto a alimentación complementaria (Molitoris 2019), lo que sería atribuible en realidad al casi nulo espaciamiento entre embarazos que implica la primera opción.
Históricamente la lactancia ha sido un método de espaciar los embarazos, pero, fuera de los primeros 6 meses y de forma exclusiva e intensiva (método Mela), no se puede considerar un método anticonceptivo, ni está reñida con la planificación de un nuevo embarazo. (AAFP 2022, WHO 2009, Tikka 1998, Short 1991, Chao 1987)
Los mayores niveles de estrógenos y progesterona durante el embarazo (WHO 2009) explicarían algunos cambios en la composición de la leche (menor cantidad de grasas y lactosa y mayor de proteínas, sodio, IgA, lactoferrina y lisozima) que se acentúan conforme progresa el embarazo, acercándose al final del mismo a la composición del calostro (Ismail 2009). Estos cambios no son nutricionalmente perjudiciales para el lactante, máxime cuando en estos casos este suele ser mucho mayor de 6 meses (Bayraktar 2025) y, por tanto, recibe alimentación complementaria.
Los factores que se han implicado en la mayor frecuencia de destete que ocurre durante el embarazo son esos posibles cambios de sabor en la leche, una posible disminución de la producción de leche (WHO 2009), una mayor sensibilidad en el pecho, una sensación de rechazo de la mujer a seguir amamantando, el tabú cultural y las creencias, presiones sociales y consejos de profesionales. (Çınar 2022, Moscone 1993)
De seguir lactando durante todo el embarazo, el pecho vuelve a producir calostro hacia el momento del parto y puerperio inmediato.